miedo a la oscuridad

le tengo miedo a la tristeza porque una vez entré en ella y no logré salir en mucho tiempo. es una bala que intento esquivar, una telaraña en la que me esfuerzo no caer, una puerta con la cerradura mohosa al final del pasillo que procuro no abrir.

le tengo miedo a la tristeza porque ya he conocido la calidez de la alegría y lo bien que me sienta el color amarillo. por eso me preocupan los días nublados, por eso me enfadan los días de lluvia, por eso me asustan los días en los que hace frío: porque pierdo de vista al sol y se me nublan los ojos y me llueven las mejillas y me duele el tobillo izquierdo y me duele el corazón.

le tengo miedo a la tristeza porque, a pesar de saber que sin ella no podría existir la felicidad, me prohíbo tambalear por miedo a tropezarme, me prohíbo asomarme al pantano por miedo a caerme en él, por miedo a terminar hundiéndome -como el caballo de Atreyu- y morir ahogada en mi propio llanto.

le tengo miedo a la tristeza porque no quiero convertirme en quienes se acostumbran a vivir en ella. me aterra que lo que se recuerde de mí sea ser una persona triste. me aterra que lo que yo misma recuerde de mí solo sea ser una persona triste, y que la otra yo sea tan lejana en el tiempo que parezca un espejismo, una ilusión, un sueño, una utopía. me aterra que la oscuridad se apodere tanto de mí que debajo de todas esas capas de tristeza no quede nada, solo un cuerpo vacío y cansado… que ya no le tiene miedo a la tristeza.

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