cuando me miras

la vida puede durar
un cruce de miradas

(Elvira Sastre)

cuando me miras, amor
siento que se para el mundo
deja de correr el tiempo
-ahora juega a mi favor-
los planetas ya no giran
-junto al resto de los astros
se han quedado a contemplarnos-
y mi corazón se asusta
no se acuerda de latir
pues tus ojos le dan hipo
y ahora el pobre ingenuo dice:
«necesito un marcapasos
aún no quiero morir»

cuando me miras, amor
aunque parezca mentira
yo me pongo colorada

siento que no importa nada
que no seamos tú y yo
-y en todo caso, si insistes
también incluyo la música
el cine, la poesía
tu coche, mi habitación
un ramo de margaritas
y un radiante girasol-
nada que se haya quedado
fuera de nuestra burbuja
merece nuestra atención

porque cuando tú me miras
con esos luceros verdes
llenos de curiosidad
esas niñas rebosantes
de la más pura bondad…
amor, cuando tú me miras
no solamente me ves
porque, ay, cariño mío
cuando eres tú quien me mira

-perdón por la redundancia
y tanta reiteración
pero este puto lenguaje
ya no es el mismo en mis manos
desde que toqué tu cuerpo
y sentí en mí tu calor
ni sabe igual en mi boca
desde que probé la tuya
ni se escucha como siempre
desde que me presentaste a
tus miedos y tu dolor
ahora se me queda corto
sin cabida a una excepción
de ahí mi gran insistencia
solo soy yo una vez más
intentando derrumbar
lo inefable del amor-

bueno, como iba diciendo:
cuando eres tú quien me mira
parezco tierra de nadie
una isla no explorada
un cosmos sin conocer
una estrella aún sin nombre
un rayo de luz diurna
un blanco blanco blanquísimo
-el color más puro que hay
tú y yo lo sabemos bien-
parezco una playa virgen
de agua limpia y transparente
un pedazo de marisma
al cual no llegan los pies
un mar que no se ha surcado
nubes sin atravesar
parezco, en definitiva
un enigma a resolver

dicho esto, me arrodillo
me abro el pecho frente a ti
sin un ápice de miedo
y te pido por favor:
nunca dejes de mirarme
mi vida, mi corazón
no me apartes la mirada
¡ven y mírame, mi amor!

que cuando lo haces, mi niña
todo se encuentra en su sitio
todo ocupa su lugar
el sol viene hasta nosotras
pero esta vez no se va
y la luna nos envidia
-ella también quiere estar-

que cuando lo haces, mi niña
nada me falta ni sobra
nada puede estar mejor
qué afortunada me siento
la que más, diría yo
la que más del universo
cuando me miras, amor

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